El cultivo del maíz en Chiapas atraviesa una etapa de transformación. Las condiciones climáticas extremas y el aumento en los costos de producción obligan a los campesinos a modificar sus prácticas agrícolas para mantener la productividad y asegurar su sustento.
Los productores ya no dependen únicamente del temporal: hoy recurren a sistemas de riego tecnificado, prácticas de captación de agua, uso de fertilizantes orgánicos y rescate de variedades criollas que ofrecen mayor resistencia. Estos cambios reflejan la necesidad de combinar la tradición agrícola con nuevas herramientas para garantizar la continuidad del cultivo.
Además de la presión ambiental, los agricultores enfrentan el encarecimiento de insumos como fertilizantes y semillas. Frente a ello, muchas comunidades han optado por elaborar biofertilizantes con microorganismos benéficos, compostas caseras y técnicas de control biológico de plagas, lo que reduce costos y mitiga impactos en el suelo.
Otro aspecto clave es la organización colectiva: cooperativas y asociaciones han tomado fuerza al facilitar el acceso a créditos, maquinaria compartida y compras a mayoreo, lo que fortalece la capacidad de respuesta ante las crisis climáticas y económicas.
Especialistas señalan que el futuro del maíz en Chiapas dependerá de integrar la diversidad genética de sus variedades locales con estrategias de innovación sostenible. El reto ya no es solo sembrar y cosechar: es mantener vivo un cultivo que es parte esencial de la identidad y seguridad alimentaria del estado.
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