El tomate, pilar de la cocina mexicana, está presente en casi todos los platillos del día a día: desde unos huevos rancheros por la mañana hasta un buen guiso o una salsa para tacos en la noche. Sin embargo, la reciente decisión de Estados Unidos de aplicar un arancel del 17.09% a la importación de tomate mexicano podría reflejarse en un aumento de precios para consumidores en ambos países.
Lejos de alarmarse, muchas personas están recurriendo a prácticas tradicionales que permiten seguir cocinando con tomate sin que el gasto se dispare. Una de ellas es la preparación de salsas caseras, que no solo resulta más económica que comprar productos industrializados, sino también más saludable y sabrosa.
Para preparar una buena salsa no se necesita mucho. Los tomates que están muy maduros o con imperfecciones —que suelen venderse más baratos— son perfectos para asar o hervir. Mezclados con chile de árbol, jalapeño o habanero, y con un poco de ajo y cebolla, pueden transformarse en una salsa poderosa que dure varios días en el refrigerador.
Además, al asar los tomates se potencia su sabor y se reduce el uso de sal, lo que hace estas preparaciones más aptas para personas con hipertensión o dietas bajas en sodio.
Un jitomate entero puede usarse al máximo. Las cáscaras, en lugar de tirarse, pueden hervirse junto con otras verduras para dar sabor a caldos. Las semillas no afectan la textura de las salsas si se licúan bien, y hasta los restos de salsa pueden reutilizarse en guisos, arroz rojo o sopas.
Congelar salsa en porciones pequeñas también es una excelente estrategia: permite tener siempre a mano un condimento casero sin depender de los precios del momento en el mercado.
Recuperar recetas familiares es otra forma de enfrentar la inflación con identidad. La salsa molcajeteada de la abuela, la de jitomate con chipotle que se sirve con tortitas de papa, o la clásica roja para chilaquiles, son solo algunas ideas para seguir usando este fruto sin que el alza afecte la calidad en la mesa.
Si compras tomates en grandes cantidades cuando estén más baratos, puedes escalfarlos, pelarlos y congelarlos enteros o en puré. Esto asegura disponibilidad todo el año y evita que se desperdicien por maduración excesiva.
En resumen, cocinar con tomate sigue siendo posible, sabroso y culturalmente rico, incluso ante un entorno económico desafiante. La creatividad, el conocimiento tradicional y el enfoque en el aprovechamiento total del alimento son las verdaderas recetas del ahorro sin sacrificar el gusto.
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KCQ
